La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ha extendido el plazo para que Chevron cierre sus operaciones en Venezuela hasta el 27 de mayo de 2025. Esta prórroga, establecida en la Licencia General 41B, permite a la petrolera estadounidense gestionar un cierre gradual de sus actividades en el país, incluidas sus empresas conjuntas con Petróleos de Venezuela, S.A. (Pdvsa) o cualquier entidad en la que PDVSA tenga una participación de al menos el 50%.
La decisión de la OFAC se produce tras la revocación inicial de la licencia que permitía a Chevron operar en Venezuela, una medida que formaba parte de las sanciones impuestas por la administración Trump. La nueva disposición, aunque no revoca la medida, otorga un plazo adicional para que Chevron finalice sus operaciones y exportaciones petroleras desde Venezuela.
Esta extensión se produce en un contexto de creciente tensión entre Estados Unidos y Venezuela, con el gobierno de Trump aplicando sanciones y restricciones para presionar al régimen de Nicolás Maduro. La licencia 41B impone restricciones significativas, como la prohibición de pagar impuestos o regalías al Gobierno de Venezuela, distribuir dividendos a PdVSA y vender petróleo fuera de Estados Unidos.
Además, el 24 de marzo, Donald Trump anunció un nuevo arancel del 25% para cualquier país que compre gas o petróleo a Venezuela, medida que entrará en vigencia el 2 de abril de 2025. Esta acción busca desalentar los intercambios comerciales con Venezuela, incrementando el costo de los productos de esos países en el mercado estadounidense.
El economista Asdrúbal Oliveros advierte sobre un escenario económico complejo para Venezuela en 2025, con una pérdida estimada de ingresos de unos 3.100 millones de dólares, afectando la inflación y la devaluación. Se espera una contracción significativa en la producción petrolera y una caída en las importaciones de bienes, lo que podría llevar a una recesión en sectores como manufactura, construcción y automotriz.
Las empresas en Venezuela deben prepararse para un entorno económico más difícil, evaluando cuidadosamente sus decisiones financieras y operativas, y evitando inversiones a largo plazo. La situación requiere prudencia y enfoque en la gestión del flujo de caja y en la comprensión de los efectos diferenciados en cada sector específico.

